La calidad humana, lo más importante, afirma experto

El especialista en crecimiento personal, Víctor Kuppers, sostiene que las personas no impactan por su cargo profesional, sino por su calidad humana

SALUDNUESTRO CUERPO

3/23/20263 min read

MADRID, España.- "Las personas no nos impactan por su cargo profesional, las personas que admiramos es por su calidad humana", consideró el experto en crecimiento personal, Victor Küppers.
El especialista participó en una conferencia referida por la revista Vanitatis.
"Hay veces que las personas se desaniman. Cuando son nuestros hijos yo solo conozco dos palabras", afirma.
La admiración suele asociarse con el éxito, el cargo o la imagen que una persona proyecta, pero Víctor Küppers plantea una idea muy distinta sobre lo que realmente deja huella en los demás.
Para el experto en crecimiento personal, lo que hace valiosa a una persona no tiene que ver ni con su puesto de trabajo ni con los símbolos externos del estatus, sino con algo bastante más profundo y cotidiano: su manera de ser.
"Las personas no nos impactan por su cargo profesional, las personas que admiramos es por su calidad humana", afirma.


Su reflexión pone el foco en una cuestión muy sencilla de entender y, al mismo tiempo, bastante fácil de olvidar.
Cuando alguien piensa en las personas que más quiere, más valora o más recuerda, rara vez lo hace por su nivel de ingresos, por su coche o por el tamaño de su despacho.
Lo que permanece, según Küppers, es otra cosa: la bondad, la cercanía, la honestidad y esa forma de tratar a los demás que hace la vida más amable.
Küppers insiste en que las personas no son queridas por sus logros externos, sino por su calidad humana.
Lo aplica incluso al entorno laboral, donde muchas veces se mide el valor de alguien por su posición.
Sin embargo, cuando uno repasa mentalmente a los jefes, compañeros o referentes que más le han marcado, lo que aparece no suele ser su currículo, sino cómo trataban a los demás.
Desde su punto de vista, esa diferencia es importante porque obliga a revisar qué se está persiguiendo exactamente en la vida.
"Tú no vales tu coche, ni tu cargo profesional", viene a decir.
Lo que realmente define a una persona, sostiene, es si es íntegra, si ayuda, si escucha, si sabe estar cerca cuando hace falta y si tiene la capacidad de aliviar un poco la vida de quien tiene al lado.
En el centro de su mensaje está la bondad, una palabra que a veces se asocia a ingenuidad, pero que él reivindica como una de las aspiraciones más grandes y más dignas que puede tener una persona.
Y la conecta de manera directa con otro concepto clave: la compasión.
Para Küppers, la compasión no consiste solo en sentir pena por alguien, sino en algo más práctico: ponerse en el lugar del otro y querer ayudarle.
Es decir, no limitarse a la empatía emocional, sino traducirla en actos pequeños y concretos.
Preguntar cómo está alguien, escuchar de verdad, echar una mano o tener un gesto amable también forman parte de esa compasión.
Buena parte de su discurso se sostiene precisamente en ejemplos cotidianos.
No habla de grandes heroicidades, sino de cosas muy simples: ayudar a alguien con una maleta, preocuparse por una persona que lo está pasando mal, mandar un mensaje días después cuando todo el mundo ya se ha olvidado o hacer una pequeña tarea en casa para aliviar a quien está cansado.
Ahí es donde se sitúa la verdadera calidad humana.
En esos detalles que pueden parecer menores, pero que hacen que alguien se sienta visto, acompañado o valorado.


Küppers recuerda que muchas veces el impacto emocional más fuerte no viene de un gran gesto, sino de una atención inesperada en el momento adecuado.
Otra de las ideas que atraviesa su planteamiento es que ser buena persona también sienta bien a quien lo practica.
Según explica, cuando alguien actúa con generosidad, amabilidad o compasión, no solo mejora la vida ajena, sino que también se siente mejor consigo mismo.
Lo relaciona incluso con el bienestar emocional: ayudar, cuidar o hacer algo bueno por otro tiene un efecto directo sobre el estado de ánimo.
Por eso insiste tanto en la amabilidad como una virtud esencial.
Decir "por favor", dar las gracias, sonreír, saludar o mostrar interés por los demás no son gestos superficiales, sino señales de humanidad básica que, a su juicio, una sociedad acelerada y cada vez más individualista está perdiendo.
Küppers propone además un ejercicio muy simple: pensar cómo gustaría que hablaran de uno sus hijos, su pareja o sus amigos.
La respuesta, sugiere, rara vez tiene que ver con el prestigio profesional o con los bienes materiales.
Lo que la mayoría desearía escuchar tiene más relación con ser una persona honesta, generosa, alegre, cercana o confiable.